En el papel suena glorioso, pero a largo plazo poco lo logran. ¿Es posible alimentarse mejor sin empezar a rajarse a medio camino? Aquí le daremos consejos realistas para mejorar la alimentación, sin sufrimiento y sin frustración.
Hagamos un experimento: la próxima vez que se siente a la mesa, tome unos segundos para estudiar su plato. Tome conciencia de la cantidad y la combinación que acaba de servirse: ¿es suficiente o quizás se le paso la mano? ¿Su plato tiene vegetales o le dio flojera prepararlos? ¿Está seguro de que el jugo necesitaba azúcar o se la puso por costumbre? Según los expertos en nutrición algunas de las malas decisiones que tomamos al comer son inconscientes, y derivan de hábitos de larga data o de ideas preconcebidas. De allí que muchas mejoras en la alimentación empiecen directamente por asimilar cómo prepararnos la comida, cómo la combinamos y cuánto nos servimos. Alimentarse mejor no sólo ayuda a manejar el sobrepeso o el colesterol, sino que ofrece más dividendos a largo plazo. Más que cambios radicales, lo que cuenta es la suma de los detalles.
Lo que podemos hacer para mejorar nuestra nutrición es:
Tomar más agua: hay personas que dicen que no la pasan, que no lo ha intentado, que le da nauseas, pero en la práctica, el incremento en la ingesta de agua se logra formando un hábito. Pero según sus características y su actividad diaria cada quien tiene sus propios requerimientos hídricos, es decir si la persona toma otros líquidos puede ser que no necesite tomarse los ocho vasos diarios de agua al pie de la letra, lo que sí es verdad que dependiendo del estado de la piel, si esta opaca o seca, o si la orina está concentrada, uno no está lo suficiente hidratado y necesita un poco más de agua. El hábito de hidratarse se crea poco a poco: el que llene dos botellas de un litro y pretenda tomárselas de un día para otro, se va a frustrar. Hay que empezar poco a poco.
Introducir más fibra: cuando una persona se queja de estreñimiento aun consumiendo fibra, lo más probable es que no esté acompañándola con agua o con líquidos. Como la fibra no se digiere fácilmente, si se procesa sin líquidos puede contribuir a la obstrucción. La fibra se consigue esencialmente en los vegetales y las frutas, y no es necesario comer a diario granola para lograr el mismo efecto. En lugar de tomarse un jugo de frutas, uno puede comerse la fruta entera y tomar agua. Así la fibra se aprovecha más y no se pierde en la licuadora.
Planificar mejor: la verdad es que solemos ser monótonos al comer. Tenemos que colocar un día fijo de cada comida y no cocinar lo que haya en la nevera o lo que sea más rápido, pues esto hará que no comamos tan variado o no tan saludable. Todo es cuestión de organizarse un poquito.
Controlar el azúcar y la sal: Esto todo empieza cuando un bebe comienza a tomar sopitas y jugo hechos por sus padres o familiares donde le ponen sal o azúcar en las dosis que come un adulto para que le queden más ricos. Lo que no saben es que el bebé no tiene noción de si la sopa está insípida o no, y sin querer estamos predisponiendo a comer más sodio del necesario.
Pensar en uno mismo: cuando se toma plena conciencia de los efectos causados por la mala elección de comida, comer bien no se convierte en un sacrificio, sino una forma más sana de consentirse.
Por todo esto es que es necesario ir con un nutricionista, el cual te dará consejos de cómo mejorar tu estilo de alimentación. Si deseas saber más sobre nuestros programas nutrición puedes contactarte con nosotros o escribir tu consulta en la parte de abajo (sección comentarios).
Imagen Dorota Trupp vía Flickr.com bajo licencia se creative commons



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