Actualmente es mantenido por muchas personas el mito de que la alimentación rica es grasas puede causar sólo enfermedad graves como la obesidad y enfermedades del corazón, sin embargo, esto no es del todo cierto ya que, a pesar de que su consumo en exceso es malo su ausencia en la dieta diaria de una persona puede conllevar a consecuencias aún más grabes.
Especialistas médicos, nutriólogos y afines han recomendado erróneamente mantener un porcentaje de consumo de grasas saturados por debajo del 10%, paradójica y simultáneamente recomendando altas cantidades de carbohidratos, mayor al 60%. Estudios actuales demuestran que tales porcentajes son nocivos para la salud pueden dar origen a enfermedades por desbalance nutricional.
El alto consumo de carbohidratos origina altos niveles de azúcar en la sangre, ya que el azúcar es el elemento final del procesamiento de todos los carbohidratos que ingerimos. Esto puede dar origen a enfermedades como la diabetes tipo 2 por promover la resistencia a la insulina, hormona encargada de estimular el consumo de glucosa en nuestro organismo. El azúcar es altamente adictivo, y si usted es como la mayoría de la gente, probablemente es adicto a los antojos. Sólo tenga en mente que una vez que su cuerpo se acostumbra a quemar grasa en lugar de azúcar como su principal combustible, los antojos desaparecerán.
Estudios demuestran que pacientes diabéticos con dietas altas en grasas, altas en proteínas y bajas en carbohidratos, reducen la necesidad de la administración de insulina.
Por otra parte los carbohidratos procesados inducen una respuesta inflamatoria crónica en el organismo, elevan el colesterol malo y favorecen la resistencia de la insulina y la leptina, lo cual se ha visto relacionado con la presencia de enfermedades crónicas como la ya mencionada diabetes, enfermedades del corazón, cáncer y Alzheimer.
En contraste, últimas investigaciones en donde se modifica la dieta a un balance de 70% de sus calorías provienen de las grasas saludables y el restante 30% de su consumo calórico se dividió entre la proteína y frutas y vegetales altos en fibra dio como resultado la pérdida de peso y grasa corporal, el aumento de la masa muscular magra, aumento de la energía y rendimiento deportivo, aumento de la tasa metabólica en reposo y mejora de la presión arterial, el colesterol y otras mediciones.
Además, se observó una disminución de las pequeñas partículas densas de LDL que causan la inflamación y los marcadores de la inflamación eran prácticamente inexistentes, mostrando que no tenía inflamación en su cuerpo en absoluto.
Se llegó entonces a la conclusión de que comer grasa ayuda a perder grasa, comer grasas saturadas disminuye los factores de riesgo de las enfermedades del corazón e independientemente de su predisposición genética su alimentación es el factor determinante.
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